Behavioural Finance (II)
Dentro del estudio de las interacciones en los mercados bursátiles y muy ligado con el análisis técnico, en la última década se esta desarrollando una nueva teoría conocida como Behavioural Finance, cuyo máximo exponente está siendo Daniel Kahneman, Premio Nobel de Economía en 2002 por su trabajo llamado Prospect Theory. Éste mostro que los seres humanos no tomamos las decisiones con la intención de maximizar nuestra utilidad marginal (como defiende la Teoría de Expectativas Racionales), sino que nos basamos más en la observación empírica. Además, se han encontrada numerosas evidencias en contra de la Hipótesis de Mercados Eficientes (EMH) y, por consiguiente, en contra de la Teoría de Expectativas Racionales.
Aquí es donde aparece la Neurofinance. La Neurofinance nos muestra que áreas del cerebro son las más activas a la hora de tomar decisiones en los mercados financieros. Mientras que la Behavioural Finance describe cuales son los fallos principales de la EMH, la Neurofinance puede explicar porqué existen éstos y, quizás, lleguemos a la solución de cómo superarlos.
Aquí nos podríamos hacer una sencilla pregunta: ¿por qué algunos traders consiguen verdaderas fortunas operando en bolsa y otros inversores no menos cualificados lo único que consiguen es la desesperación, tiempo perdido y, a veces, la ruina? La historia más conocida entre estos grandes logros estaría la figura de George Soros en lso años 90 consiguió poner en jaque-mate al Banco de Inglaterra situándose corto (vendido) contra la libra esterlina y obteniendo un beneficio superior al billón de dólares unas cuantas horas.
La Neurofinance postula que las distintas interacciones de las diferentes áreas del cerebro son las que dictan la forma en la que los inversores toman las decisiones. Las regiones del cerebro más antiguas que nos permitieron la evolución, son las que controlan nuestros instintos animales asociadas con el deseo y la pasión. Por otro lado, las regiones del córtex prefrontal se encargan de la parte más “humana” de la toma de decisiones, las cuales tienen la facultad de predominar sobre nuestros instintos animales. En la interacción de ambas es donde se centra el estudio del comportamiento humano y su influencia en la toma de decisiones del inversor.

Un estudio de la Universidad de Stanford llevado a cabo por Brian Knutson entre 2001 y 2003 demostró que existen tres diferentes áreas en el cerebro relacionadas con la esperanza de ganancia monetaria ante una inversión, sin embargo, sólo una de estas regiones (el núcleo accumbens) aumentaba su actividad durante una inversión con ganancias y no cuando la inversión estaba produciendo pérdidas. Sabemos que esta zona del cerebro es rica en dopamina, de la cual está demostrada su relación con el efecto positivo que produce una ganancia monetaria tras una buena inversión (y también su uso en la cocaína). Estos resultados eran consistentes con la Prospect Theory elaborada por Daniel Kahneman.
La importancia de la dopamina en la forma en que el cerebro responde a las ganancias y pérdidas monetarias nos lleva a pensar que, controlando los niveles de esta sustancia química, podríamos mejorar los resultados de cualquier trader o inversor.
De lo explicado hasta el momento podemos concluir que, aunque no seamos conscientes de ello, cuando tomamos cualquier decisión de inversión en los mercados bursátiles, comenzamos un proceso químico vertiginoso en nuestro cerebro que nos puede llevar a cometer errores no conscientes hasta materializados. De ahí que, muchas veces, crearnos un patrón de ejecución de nuestras ordenes de compra y venta de acciones sea la forma correcta de evitar que nuestras emociones interfieran en nuestras decisiones.





